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Estimado Santa Claus:

Otro año ha pasado, otro año de promesas rotas y de posturas políticas, otro año ha pasado sin reforma migratoria. Hace ya casi una década desde que la propuesta de inmigración McCain-Kennedy fue presentada. Desde entonces, cada año se nos dice que vamos a tener reforma migratoria, pero cada año no nada pasa.

Los políticos nos piden que tengamos paciencia. Nos prometen que nuestro tiempo llegará. Que solo tenemos que dejar que el proceso político tome su rumbo. Que solo tenemos que esperar a que pase la siguiente crisis global. Que solo tenemos que esperar hasta después de las elecciones. Que solo tenemos que esperar y esperar.

Santa Claus, como muchas otras personas, yo ya no creo en los políticos. Cuando yo digo “político” no me refiero a esa muchedumbre que ocupa asientos en el Congreso en la Oficina Ovalada y no hace nada. No puedo negar que existen. Cuando digo “político” me refiero a esas personas realmente dedicadas a gobernar y no llenarse de poder. Me refiero a personas dispuestas a trabajar juntas para llegar a acuerdos y hacer algo. Un político autentico no es esclavo de las encuestas o medios de comunicación. Santa Claus, tu sabes que si las decisiones y la política pública en los Estados Unidos fuera basada en solo opinión popular, quizá todavía tendríamos esclavitud, las mujeres no podrían votar y las escuelas estarían segregadas. Un político autentico tiene el valor de hacer lo que es correcto y saber que la historia lo va a vindicar.

Santa Claus, tú te preguntarás ¿cómo es que un adulto, y de pilón abogado, te escribe una carta? Quizá pienses que yo debería de haber dejado de creer en ti antes de ser adolecente. Si dejé de creer en ti. Lo hice cuando empecé a creer en los políticos y sus habilidades de guiarnos a un futuro mejor. Pero después de años de decepción, he decidido volver a creer en ti. Parece más sensato creer en ti que esperar a que un político nos sirva como verdadero líder. Al menos, cuando tú bajas por la chimenea, tus manos no están en nuestros bolsillos.

Santa Claus, sé que DACA y la habilidad de procesar a ciertos familiares de ciudadanos en los E.U. son pasos positivos. He visto como los jóvenes han sido presentados con buenas oportunidades. Pero también he visto a estos mismos jóvenes tener miedo de que estos programas terminen. También he visto como a madres se les ha negado perdones porque han tenido la audacia de traer a sus bebes con ellas a los E.U. El procesar a familias dentro de los E.U. se nos dio como una forma de mantener a familias unidas, pero últimamente he visto a esas personas que han luchado por mantener a sus familias unidas categorizadas como coyotes. Santa Claus, ¿qué no merecemos algo mejor? ¿Es mucho pedir que nuestra comunidad nos acepte como seres humanos y que no nos vea como “ilegales”? ¿Por qué es más fácil legalizar la marihuana que hacer que nuestras carreteras sean más seguras al darnos una tarjeta de manejar?

Santa Claus, te pido que nos traigas una reforma migratoria para el año 2015. Se los pediría a los políticos, pero ya aprendí la lección, y ya no creo en ellos. Te he dejado un vaso de leche y galletas cerca del árbol de Navidad. Gracias.

 

Escrito por John Almaguer

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Luis Ayala, Estudiante de la Universidad de Sur de Oregon

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