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Cosechamos lo que sembramos. -El Granjero Santiago

Un día en las colinas de las montañas altas en el Caracol, vivía Santiago, un granjero local. Santiago tenía un caballo llamado Filimom. Filimom había trabajado duro para ayudar a Santiago a plantar maíz antes de que la temporada de lluvia llegara, el cual se cosechaba una vez año. Eventualmente este maíz se convertiría en tamales. Santiago contemplaba su vida y no podía recordar ninguna estación que Filimon y el no hayan estado juntos. Mientras ellos trabajaban, Santiago solo tenía a Filimon con quien compartía las historias de las celebraciones que su familia tenía. Todos los años la familia de Santiago tenía la tradición de hacer tamales de maíz, o lo que llamamos “Uchepos”. Estos tamales eventualmente se compartían con todo el rancho.
El resto del maíz se usaría para vender uchepos en un pueblo que estaba a 15 kilómetros de ellos. Era un largo camino que Filimon y Santiago tenían que viajar juntos. Año tras año su relación se hacía más fuerte con las historias y los chismes que Santiago compartía con Filimon.
Una mañana Santiago estaba poniéndose sus botas de trabajo, alistándose para trabajar, “¡A sembrar!” los rancheros locales gritaban. Santiago camino al final de la cerca donde usualmente ataba a Filimom para encontrar una cuerda vacía. Filimon se había ido. Esto no tenía sentido, que Filimon se fuera; de hecho, la cuerda era innecesaria porque Filimom siempre estaba en la casa, listo para ayudar a Santiago. Ellos eran parte de cada una de sus rutinas. Cuando lo que paso llego a oídos de todo el rancho las personas vinieron a consolar a Santiago. Todos pensaban que Santiago era desafortunado de que Filimom lo haya dejado, y pensaban que afectaría el trabajo de Santiago. Santiago respondió, “talvez” mientras pensaba como iba a trabajar solo al día siguiente.

La siguiente noche Santiago regresó a su casa y estaba tomando un vaso de agua, cuando se dio cuenta que Filimom había regresado con tres caballos salvajes. Todos estaban muy felices y hablaban sobre la fortuna de Santiago de haber conseguido tres caballos nuevos. Esto podría permitirle trabajar más rápido y ayudar a otros rancheros. Ellos vieron muchas oportunidades en esto y hablaban de lo afortunado que era Santiago; él contestó, “talvez”. Al día siguiente el hijo de Santiago trato de domar uno de los caballos salvajes, él caballo lo pateo y rompió su pierna. Todos pensaban cuan desafortunado era esto y el granjero pensó, “talvez”, mientras ayudaba a entablillar a su hijo. Al día siguiente la milicia vino por todos los ranchos para llevar a todos para que ayuden en la guerra. Ellos no quisieron al hijo de Santiago porque tenía la pierna rota. Los padres sintieron una perdida muy grande cuando vieron a sus hijos jóvenes dejar el rancho para ir a la guerra. Le dijeron al granjero que afortunado era, y Santiago contesto, “talvez.”
Las experiencias que la vida nos trae y las experiencias que creamos talvez no sean entendidas o apreciadas. Es realmente imposible decir si algo que nos pasa es bueno o malo porque uno nunca sabe de las consecuencias de lo desafortunado; o talvez uno nunca sepa de las consecuencias de la buena fortuna. Hay muchas personas que han tenido fallas, perdidas, y enfermedades; estas experiencias “negativas” eventualmente se convirtieron en lecciones de vida. Estas lecciones han ayudado a ganar una valiosa perspectiva en la vida. Dese usted mismo una oportunidad de aprender de sus propias experiencias.

One day in the hills of one of the highest mountains in el Caracol, lived Santiago, a local farmer. Santiago owned a horse named Filimon. Filimon had worked hard to help Santiago plant the corn before the rainy season came, which they harvested once a year. Eventually this corn would become tamales. Santiago pondered his life and could not remember all the seasons that Filimon and he had experienced together. While they worked, Santiago only had Filimon to share the stories about the celebrations his family had. Every year Santiago’s family had the tradition of making corn tamales, or as we would call them, “Uchepos”. These tamales eventually were shared with the whole rancho.
The rest of the corn would be used to sell the uchepos in the town that was 15 kilometers away. It was a long way that Santiago and Filimon had to travel together. Year after year their relationship strengthened with the stories and gossips that Santiago shared with Filimon.
One morning Santiago was putting on his work boots ready to farm, “¡A sembrar!” local ranchers yelled. Santiago walked to the end of the gate where he tied Filimon to find an empty rope. Filimon had left. It was not like Filimon to ever leave; in fact, the rope was unnecessary because Filimon always stayed home, ready to help Santiago. They were part of each other’s daily routine. When the word spread throughout the rancho and people came in to comfort Santiago. Everyone thought how unfortunate Santiago was that Filimon had left and were concerned that it would hinder Santiago from working. Santiago replied, “maybe” as he imagined how he would begin farming the next morning alone.

The next evening as Santiago returned home and was having a glass of water, he realized Filimon was back with three wild horses. Everyone was so happy and talked about how fortunate Santiago was for gaining 3 new horses. This could allow him to work faster and help the other rancheros. They saw so much opportunity in this and talked about how fortunate Santiago was; he replied, “maybe.”
The next day as Santiago’s son tried to tame one of the wild horses, he was kicked off by the horse and broke his leg. Everyone thought about how unfortunate this was and the farmer thought, “maybe”, as he helped make a splint for his son. The next day the military came through all the ranchos to take everyone to help with the war. They rejected Santiago’s son because of his broken leg. Father’s felt a big loss as they saw their young boys left the rancho to go to war. They told the farmer how fortunate he was, and Santiago replied, “maybe.”
The experiences that life brings to us and the experiences that we create we may not always be understood or appreciated. It is really impossible to tell whether anything that happens to us is either good or bad because you never know what will be the consequences of a misfortune; or you may never know the consequences of good fortune. There are so many people that have had failures, losses, and illnesses; these “negative” experiences eventually became life lessons. These lessons have helped to gain valuable perspective in life. Give yourself the opportunity to learn from your own experiences.

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Cesar Flores

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