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Las dificultades de la vida

Los corajes, los enojos, las angustias, las tristezas, la soledad. ¿Qué hacer con los sentimentos, especialmente cuando estos son negativos?

Conozco mucha gente que se guarda todas sus emociones. Como si en su interior tuvieran un cajón donde saben que si ahí entierran sus emociones, podrán vivir en tranquilidad, negando cualquier sentimiento. Lo que tal vez no sepan estas personas, es que cuando se niega un sentimiento negativo, suelen también negarse los sentimientos positivos. Cuando esto pasa, la persona se convierte en algo así como un robot que hace y deshace, dice y no dice pero que está como muerta en vida; va por ésta como se suele decir “en piloto automático”. Es comprensible, así es como han aprendido a sobrellevar las dificultades de la vida. “Así me tocó, no hay nada que se pueda hacer” suelen decir. Estas personas me recuerdan a alguien que padece algún dolor físico y que no hace nada para remediarlo, anda con su dolor, “¿qué se le va a hacer? Tengo mala la rodilla y ni modo” Pero, y si hubiera remedio….

A algunas personas les funciona vivir así, al menos por un tiempo. Viven su vida guardando rencores; algunos llevan en el alma profundas tristezas, constantes angustias, y así sobreviven. Tal vez no expresan sus sentimientos, pero seguramente viven enojados, incluso con la vida que “les ha jugado chueco”. Otros viven aislados, creen que es mejor así, pues de esa manera no hay nadie que se meta con ellos. También hay personas que han crecido pensando que merecen poco, o tal vez nada, y se pasan la vida complaciendo a los demás con la esperanza de que así serán valorados. Todas estas reacciones son normales. Se llaman mecanismos de defensa y es la manera que han aprendido a sobrevivir. Es algo naturalmente humano pero que se puede cambiar.

Como psicoterapeuta, no sólo he visto en la consulta a personas expertas en acallar sentimientos y desarrollar mecanismos de supervivencia. Yo misma lo he hecho en muchos momentos de mi vida. Recordemos, es normal y meramente humano. Pero así como a la persona que vive con su rodilla “mala” le puede llegar el momento en que el dolor se haga intolerable y haya que acudir al médico. Qué alivio cuando el médico dice que hay tratamiento y que luego de tantos años, se podrá vivir sin dolor.

Así me toca ver en consulta personas a las que las dificultades de la vida se han vuelto intolerables, que su nivel de ansiedad, de enojo, o de tristeza es tan severo que piden ayuda, y están dispuestos a trabajar para cambiar. Al cambiar ellos, necesariamente sus vidas cambiarán.

Tal vez no tengas un dolor físico, pero puede que tengas o conozcas a alguien que tiene algún dolor emocional. Cuando esto ocurre, hay que saber pedir ayuda a algún experto, ya sea un sacerdote, un pastor, algún mentor o bien acudir a psicoterapia. Imagina una vida en la que puedes entender mejor el comportamiento de uno de tus hijos, imagina que ahora te puedes comunicar mejor con tu pareja que pueden entenderse mejor y arreglar sus diferencias. Imagina que has aprendido a poner límites a una relación abusiva, o que no te da temor expresar tus necesidades. Tal vez tu entorno sea el mismo, pero tú ya no lo serás. Habrás aprendido a desarrollar habilidades para manejar diferentes situaciones a través del conocimiento propio, de reconocer y procesar tus sentimientos, y hablarlos con alguien en quien puedes confiar y que ofrece escucharte sin hacer juicios. Con esa persona como ayuda, podrás descubrir nuevas maneras de vivir, donde te sepas y sientas valioso, y en donde también, reconozcas el valor de los demás. Que en lugar de culpar a otros de tus problemas, puedas tomar la responsabilidad de aquello que te corresponde cambiar, aunque los demás no lo hagan.

Yo he podido experimentar el poder de la psicoterapia, de cómo se pueden transformar vidas al transformar las personas. Recuerda si hay algún sentimiento que lleves cargando en la vida, no tiene que ser así para siempre, puedes pedir ayuda.

Escrito Por Maruka Sada
MS NCC LPCI, Mental Health Counselor

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